Canción barroca V

Todo comienza cuando del glaciar se desprende

Un tramo de hielo inefable en la siesta

Vetusto domingo, con máculas pírricas.

El adormecido espíritu extrañado despierta

Tus ojos son lagos de tono argentino

Y la curva de tu nariz dibujada en la grieta

Sobre el níveo tapiz que el deshielo de un año

Sus hebras añiles y opacas refleja.

El ánimo es un péndulo entre mundos distintos

Anhelante y manso a la luz de las velas

Para después, finalmente, caer enredado

En las aguas heladas del azar y la espera

Luego de rozar su pico más alto

Doblegado en su centro por la indiferencia

Raudo hacia el fondo el sillar se dirige

Al sosiego impasible, entre algas y piedras.

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